El cloro podría dañar significativamente los pulmones

Según especialistas, una exposición a elevadas concentraciones de cloro, o bien pasar mucho tiempo en el agua, aunque esta tenga una dosis aceptable del mismo, puede exacerbar el asma y dañar la función pulmonar.

nadando piscina

La natación hemos dicho anteriormente que es uno de los deportes por excelencia, ya que con el se trabaja toda la musculatura, y es un deporte de bajo impacto sumamente beneficioso para el organismo, sin embargo el cloro que se utiliza para mantener el agua de las piscinas, para la desinfección puede que no sea inocuo.

Estudios lo confirman

Ahogarse en la piscina no es sólo un problema de agua, sino también de cloro. Los neumólogos advierten que un exceso de cloro en la piscina puede exacerbar el asma y dañar la función pulmonar. Pero añaden, que el hecho de pasar mucho tiempo en al agua aunque sea con niveles aceptables de cloro, puede agravar las enfermedades respiratorias.

Las personas más expuestas a este gas son los nadadores, los guardavidas y el personal de mantenimiento de las piscinas, aunque también habría que incluir en este grupo a los niños y bebés muy pequeños, ya que sus pulmones están en pleno desarrollo, por lo que su función respiratoria es más proclive a reaccionar de manera inadecuada ante la presencia de un gas irritante como es el caso del cloro.

Ha quedado demostrado que inhalaciones de cloro y sus derivados en el aire y en el agua de las piscinas ataca la pared de los pulmones y expone a los efectos de la contaminación atmosférica y el asma. De hecho se ha considerado la posibilidad de que el asma podría aumentar en sus posibilidades de desarrollo hasta un 60% en personas que se exponen al cloro por períodos prolongados e intensos.

Antecedentes de irritación por cloro

Con anterioridad a los informes belgas, los neumólogos conocían que el cloro puede actuar como un gas irritante en las mucosas y la pared del aparato respiratorio, y puede desencadenar una hiperreactividad bronquial en individuos susceptibles, sea cual sea su edad. No es casualidad que entre los deportistas de alto nivel que entrenan a diario en piscinas se haya identificado una prevalencia de hiperreactividad bronquial superior a la de la población general.

El primer síntoma de que el cloro de la piscina descarga su poder deletéreo en nuestro organismo es la irritación de las mucosas oculares (lagrimeo), de la nariz y la garganta, pudiendo variar desde la sequedad a la molestia o el dolor. Pero la acción del cloro llega incluso a las vías respiratorias inferiores, y produce desde una tos refleja a un vómito o, en casos extremos, edema pulmonar.

Aunque, por lo general, las piscinas públicas cumplen los límites de concentración de cloro reglamentarias (tanto del cloro libre presente en el aire como del residual mezclado con el agua de la piscina), la mayor parte de las intoxicaciones de carácter agudo son debidas a un mal funcionamiento puntual del aparato de cloración o a un mal mantenimiento, razón por la cual se aconseja a los responsables técnicos de las piscinas que sigan al pie de la letra la normativa existente al respecto.

Nota: Este post ha sido editado para mejorar la calidad de su contenido…