Cómo esterilizar biberones

En los cuidados de un bebé, la higiene cumple un rol esencialmente importante. La limpieza de los ambientes que el recién nacido frecuente, su aseo personal y la pulcritud de los que forman parte de su entorno, son aspectos que deben cuidarse para prevenir la transmisión de enfermedades. Esto se extiende por supuesto a aquellos elementos como los biberones y chupetes, con los que el menor entra en contacto con asiduidad.

Hasta los seis meses, los niños no disponen todavía de las defensas necesarias para combatir gérmenes y bacterias, que quizás sean inocuas para los adultos.

Los biberones son usados muchas veces al día por lo que hay que tener una reserva siempre esterilizada para poder alimentar de manera segura al niño siempre que éste lo requiera. En la actualidad existen una gran variedad de utensilios para esterilizar, con diferentes métodos y características.

De todas formas, ninguno de ellos implica el paso previo de lavar el biberón y las tetinas después de cada toma. Este primer paso garantizará que la leche no se seque y permitirá que la limpieza sea más eficaz. Cuando se realiza esta tarea se puede utilizar jabón lavavajillas, procurando limpiar a fondo las roscas y el cuello, así como también dar vuelta la tetina para asegurarse de retirar los restos de leche. Es recomendable además contar con una escobilla para llegar al fondo.

Una vez que concluye este proceso, se los enjuaga con agua corriente para que queden listos para ser esterilizados.

El método más común es colocar los biberones en una olla con agua al fuego y dejar unos diez minutos hasta que hierva. Luego deben secarse y taparlos hasta la siguiente toma.

Con la llegada de la tecnología, también se puede contar con esterilizadores aptos para el microondas. Sus principales ventajas son que permiten introducir todos los accesorios juntos en un recipiente con agua, y sólo demoran diez minutos en tener todo listo.

El esterilizador al vapor es un aparato eléctrico que funciona con vapor de agua. También se pueden introducir todos los accesorios a la vez y existe una gran variedad de tamaños.

Otra variante es recurrir al método frío. En este caso, hay que introducir los elementos en un recipiente con agua, agregando unas pastillas o líquido desinfectante. Su principal desventaja es que este proceso conlleva de media a una hora.