El estrés y el insomnio disminuyen el deseo sexual

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El estrés y el insomnio disminuyen el deseo sexualSon muchas las causas que pueden provocar una disminución del deseo sexual, uno de ellos es el estrés, el mismo puede acabar con el lí­bido, de una forma lenta y gradual. El problema de falta de deseo es mucho más frecuente en las mujeres que en los hombres. Se presentan variaciones importantes, desde personas que manifiestan una ausencia de interés por el sexo hasta las que están desinteresadas en iniciar la actividad sexual y además rechazan las aproximaciones sexuales de su pareja.

La falta de deseo sexual

El Deseo Sexual Inhibido (DSI), también denominado “apatí­a sexual”, “falta de deseo sexual”, hace referencia a aquellas personas que no tienen apetito sexual, que no se sienten atraí­das por el sexo y por la posibilidad de llevar a cabo relaciones o conductas sexuales en general.

Este interés anormalmente bajo por el sexo hace que el sujeto no busque la gratificación sexual aunque se encuentre disponible, y teniendo intacta la capacidad de respuesta sexual para practicar el acto sexual.

La apatí­a no sólo tiene que ver con la carencia subjetiva de interés por realizar el coito; incluye el desinterés por toda conducta sexual, como la masturbación, la falta de pensamientos, ensoñaciones y fantasí­as sexuales, atención al material erótico, percepción del atractivo de las personas, en especial aquellos que pueden ser compañeros sexuales, y la falta de sensación de frustración si no se puede dar rienda suelta a la sexualidad.

¿Por qué se disminuye el apetito sexual?

La causa radica en la testosterona, principal agente del deseo sexual. El descenso en la producción de testosterona que se crea con la edad en los hombres puede reducir considerablemente el deseo sexual, donde la persona no responderá en forma satisfactoria al deseo de actividad sexual. Este problema puede ser primario (la persona nunca sintió mucho deseo sexual) o secundaria (la persona tenia deseo sexual, pero ya no lo tiene).

De acuerdo a un reciente estudio se comprobó los cambios hormonales en la mujer que se producen alrededor de la menopausia pueden ir en perjuicio del deseo sexual, las mujeres con falta de deseo sexual persistente, presentan diferencias en el funcionamiento del cerebro. Se comprobó que la experiencia que cada persona pueda tener de la sexualidad está medida por factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales, etc.

Sexo, depresión y estrés

Las afecciones psicológicas, tales como la depresión y el estrés, pueden mermar el interés en el sexo. El estrés es el factor que se presenta con más frecuencia e influye considerablemente en la satisfacción de las relaciones sexuales.

Los cambios hormonales son también un factor preponderante, el estrés acumulado disminuye la testosterona y la DHEA (hormona que impulsa el deseo sexual). La depresión es otra de las dificultades de las personas por la incapacidad de disfrutar de las cosas que le rodean entre las que se ubican las actividades sexuales. Los traumas sexuales, se asocian con un escaso deseo sexual, como los abusos o violencia sexual o la baja autoestima, etc.

La fatiga y la falta de sueño también tienen mucho que ver con la falta de apetito sexual, ya que durante el sueño disminuyen los niveles de cortisol, una hormona asociada con el estrés.

Es imprescindible una búsqueda y un trabajo más profundo en la persona que lo sufre, la consulta a un médico especializado puede ser la solución para una vida sexual más plena.

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