
Así como los rayos del sol dañan nuestra piel, lo hacen con nuestro cabello. Los rayos UV pueden llegar a afectar de manera irremediable nuestra fibra capilar desde la raíz a las puntas.
Ya cuando la parte superficial se encuentra dañada, nuestro cabello puede sufrir alteraciones más profundas; la keratina se va degradando haciendo que los cabellos se debiliten y se abran sus puntas y la melamina también se ve alterada, haciendo que el color original cambie y cuando el cabello es teñido se puede volver mucho más débil.
Para evitar estos problemas sólo hay que seguir consejos simples como: proteger siempre el cabello antes de su exposición al sol con productos capilares especiales y gorras o pañuelos; despuntarlo una vez al mes para mantenerlo saludable y utilizar productos que están en el mercado actualmente como aceites que a la vez que protegen le devuelven el vigor y líneas completas de champú, acondicionador y mascarilla que pueden reparar el daño que hemos hecho durante años en sólo unos meses.

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