
Los casos de violencia de género representan un problema que crece de manera alarmante, a pesar de los logros que la mujer ha conseguido en el ámbito laboral, social o profesional, y el progreso en sus derechos. En este sentido, la mayor problemática se encuentra en la dificultad para reconocer un noviazgo violento.
Si bien las mujeres adultas poco a poco toman conciencia sobre el tema, en el caso de las adolescentes (periodo de plena rebeldía) es muy probable que intente ocultárselo a sus padres.
Para los especialistas en el tema, las mujeres jóvenes que quedan atrapadas en una relación violenta sin poder escapar de ella por lo general están repitiendo el tipo de vínculo que vivieron y aprendieron en su infancia. Es decir, cuando en una familia se viven situaciones de violencia, estos actos se convierten en modelos de identificación y aprendizaje para la adolescente.
En general, las adolescentes no logran diferenciar un hombre enamorado de uno obsesivo debido a la inexperiencia en relaciones amorosas. Muchas veces hasta se sienten halagadas ante la persecución de su pareja, pero cuando la relación se sale de su rumbo no saben bien como manejarse. Las adolescentes, también las mujeres adultas, debe saber que la violencia se origina con los celos, los insultos, las persecuciones, hasta que aparecen los golpes. Es importante que no acepte lo que está padeciendo y comprenda que puede denunciarlo.
Cuando una persona sufre descalificaciones o es golpeada durante años es posible que se vuelva muy vulnerable, que disminuya notoriamente su autoestima y hasta que oculte o finja ante los demás por vergüenza.
De este modo, es muy común que luego de episodios violentos, el hombre agresivo intente hacer sentir culpable a la víctima. Suele acusar a la mujer como la causante de su reacción agresiva y casi siempre piensa que esa persona es de su propiedad.
Cuando el varón es apartado del hogar o se le prohíbe su acercamiento a la joven, por lo general nadie controla que esa medida sea cumplida, y así la situación se tensa cada vez más. Por eso, es fundamental el cuidado y la atención a la víctima, y las políticas públicas integrales que protejan a la mujer.

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